
Ayer el barcelonismo vivió un día triste. Un día triste protagonizado por un personaje triste llamado Josep Maria Mesalles, el hombre que hace las veces de abogado, representante, amigo o portavoz de Samuel Eto’o. Un personaje que, al estilo de los programas de televisión rosa, compareció en la rueda de prensa que había convocado para explicar el futuro de su representado enseñando correos electrónicos y mensajes de movil como la tal Nuria Bermúdez cuando se comunica con el Paquirrín de turno.
Con el peor estilo posible, el proclamado representante de Etoó se dedicó a enseñar un mensaje vía móvil en el que venía la oferta de renovación que les ha hecho el Barça. No se sabe seguro con que intención (eso de enseñarlo) más que la de colaborar en convertir el caso Eto’o en un show indeseable para todos. Atribuyéndose una importancia que ni tiene ni tendrá, Mesalles se atrevió a pedir a Guardiola que salga públicamente a decir si quiere o no a Eto’o, aunque reconoció que los responsables del club ya le habían comunicado que el entrenador no contaba con el delantero camerunés. Dijo Mesalles que no les cree si no lo oye por boca del propio Guardiola. Lástima que a Mesalles tampoco sea fácil creérselo, sobretodo porqué una vez finalizada la reunión de hace una semanas en la que Txiki Begiristain le dijo que Guardiola no quería a Eto’o, Mesalles, a la salida, dijo que a él no le habían dicho nada de eso y hoy ha reconocido que aquel día mintió. Y si lo hizo entonces tal vez también lo hizo ayer, cuando dijo que Eto’o no quiere cobrar ninguna prima de fichaje o que no les mueve ningún interés económico.
Si Mesalles tanto quiere proteger los intereses de su cliente, que se pregunte porqué éste es el tercer verano en el que el entrenador del Barcelona quiere quitarse de encima a Eto’o: el año pasado y este Guardiola, pero hace 2 años Rijkaard ya lo solicitó. En lugar de montar numeritos con mensajes de móvil y correos electrónicos, que se pregunte si lo mejor que puede hacer un representante es llamar llorando a los responsables del club cada vez que el delantero es suplente o juega en una posición en la que no se siente cómodo, poniendo la cabeza como un bombo al personal. Ésta tampoco es la labor de un representante.
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